Se presentan en el orden de su aparición histórica. Este léxico puede leerse de un tirón para hacerse una idea de la evolución histórica desde el siglo XVII hasta hoy.

Liberalismo clásico

surge entre los siglos XVI-XVII. John Locke (1632-1704), en el Segundo tratado sobre el gobierno civil, define al hombre como propietario de sí mismo, de su vida, su libertad y sus bienes. El hombre es libre por naturaleza y el Estado solo tiene legitimidad si garantiza y asegura esa libertad individual originaria. Montesquieu (1689-1755), en Del espíritu de las leyes, aporta la idea de una necesaria separación de poderes para fundamentar la legitimidad del Estado. Adam Smith (1723-1790), en Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, sienta las bases de la idea de libre mercado. El liberalismo clásico posee una dimensión económica (desregulación y laissez-faire) y una dimensión política emancipadora (la libertad del individuo erigida contra los posibles abusos del Estado). El liberalismo político de los revolucionarios franceses se distingue del liberalismo económico en la medida en que sitúa al Estado en el centro del proceso de construcción de las libertades individuales, definidas esencialmente como derechos del ciudadano.

Ordoliberalismo: doctrina nacida en los años treinta en Alemania, que otorga al Estado un papel activo en el establecimiento de las condiciones de posibilidad del libre mercado. El Estado debe ofrecer el marco legal que permite la libre competencia entre empresas. Walter Eucken (1891-1950) funda una economía política centrada en la idea de un orden económico que no es espontáneo, sino producido e instaurado por un aparato jurídico de orden legal y constitucional. El ordoliberalismo puede incorporar una dimensión social: Wilhelm Röpke (1899-1966) y Alexander Rüstow (1885-1963) introducen la idea de “economía social de mercado”; aquí, el capitalismo se supone naturalmente social. Rüstow y Röpke participaron en el Coloquio Lippmann en 1938. En el ordoliberalismo, si el Estado interviene, no es para encuadrar el mercado, sino para facilitarlo.

Neoliberalismo

Puede fecharse su acta de nacimiento en el Coloquio Lippmann (1938), donde se decide forjar la palabra “neoliberalismo”: se inscribe a la vez en la prolongación del liberalismo (contra el totalitarismo emergente y contra el planismo socialista) y sienta al mismo tiempo las bases de una diferencia conceptual con el liberalismo. Se trata de distinguirse del liberalismo del laissez-faire, que conduce a la mayoría de los hombres a la ruina y los aparta del liberalismo, reafirmando que hace falta un liberalismo político asociado al liberalismo económico: la producción se rige por el mecanismo de precios, pero se requiere un régimen jurídico que apunte al máximo de utilidad de la producción. Si el procedimiento democrático no hace emerger estos fines, el sistema liberal exige que la elección de otros fines sea decidida conscientemente. Los sacrificios que implica el funcionamiento del sistema pueden cargarse a la colectividad.
A partir de la creación de la Sociedad del Mont-Pèlerin, en 1947, en Suiza, el neoliberalismo se endurece. Esta “sociedad” reúne a Friedrich Hayek, Karl Popper, Ludwig von Mises, Milton Friedman, etc. Es un grupo de reflexión, precursor de los think tanks, los incubadores ideológicos que hoy conocemos. En este crisol de culturas alemana, inglesa y estadounidense, se producen cruces doctrinales y emerge una reflexión sincrética. Así, en los años ochenta, el neoliberalismo se articula con el individualismo ultraliberal. La economía neoliberal procede entonces a su expansión mundial gracias a una nueva propaganda que le permite venderse a los pueblos que conquista: el neoliberalismo sería portador no solo de una riqueza común para toda la humanidad, sino también del máximo de libertad individual. En una “sociedad abierta” (expresión de K. Popper) donde se respeten los derechos humanos, el individuo encontraría por fin reunidas las condiciones de su libertad. El presupuesto para la expansión de esta “sociedad libre” es que la ley de la necesidad económica prevalezca sobre la política y proceda a la “racionalización” de los Estados, entrenándolos en una nueva tarea: imponer la desregulación.

Ultraliberalismo

Término utilizado únicamente en lengua francesa por su carga crítica hacia el neoliberalismo. Es significativo que no exista equivalente en inglés. Significa que el liberalismo aquí se despliega en exceso, de manera desmedida y desenfrenada, hasta su paroxismo. También puede hablarse de “extremismo liberal” o de “extremo centro” 1.
El término puede usarse asimismo en un sentido mucho más restringido y preciso: en tal caso se distingue de “neoliberal” y remite al concepto de libertarianismo (Silicon Valley, Musk, Javier Milei…). Designa entonces el conjunto de doctrinas del individualismo libertario, que promueven la idea de que el Estado debe ser débil, o que se debe tender hacia el Estado cero, a fin de que emerja una libertad individual en una sociedad organizada solo por el libre intercambio.
En realidad, sin embargo, el ultraliberalismo no es en absoluto incompatible con la idea de un Estado fuerte, concebido como instrumento para imponer la desregulación, ofreciendo al mercado el marco jurídico necesario para la “liberalización”; el Estado se concibe entonces como el órgano necesario en la transición hacia el “orden del mercado”. También puede concebirse como el momento transitorio hacia el anarcocapitalismo, con la perspectiva de atravesar ese momento anarcocapitalista para recomponer un nuevo “orden mundial” de esencia neofeudal.

Minarquismo

Es la idea de que hay que restringir las prerrogativas del Estado, contener su poder dentro de límites estrictos. No se trata, sin embargo, de anarcocapitalismo, que preconiza el Estado cero o una sociedad que se desarrolla al margen del Estado. El minarquismo define el Estado como una autoridad protectora que impide los conflictos y asegura las propiedades. El estadounidense Robert Nozick (1938-2002), por ejemplo, define el Estado mínimo como un night-watchman state, un Estado “sereno nocturno”: es el guardián de la seguridad de las personas y de sus bienes; es garante del principio de no agresión, de la propiedad y de los contratos. Pero no tiene ningún otro poder legítimo: recaudar impuestos, por ejemplo, se considera un acto de robo.

Anarcocapitalismo

Es un anarquismo libertario, por tanto una expresión del capitalismo individualista y el resultado de una tendencia ultraliberal a negar toda legitimidad al Estado. Los hombres no se definen como ciudadanos, sino como “fuerzas vivas”, cuyo campo de acción es el mercado. No puede haber coacción legal. El único “principio” es el de “no agresión”. Este anarquismo capitalista y libertario, que es un anarquismo de derechas, se opone al anarquismo libertario de izquierdas, en cuanto que el valor central de esta doctrina es la propiedad privada, base y condición de posibilidad de la libertad del individuo. A veces, no obstante, la doctrina anarcocapitalista de extrema derecha se inspira en ciertas filosofías de izquierdas (Nick Land). Otra prueba de que el sincretismo ideológico —su capacidad para asimilar y digerir doctrinas y dogmas— constituye la fuerza de este nuevo régimen. Autores anarcocapitalistas: Murray Rothbard (1926-1995, inspiró a J. Milei), David Friedman (hijo de Milton Friedman, n. 1945), Hans-Hermann Hoppe (n. 1949, se dice anarcocapitalista y, a falta de algo mejor, monárquico; inspiró a Yarvin).

Libertarianismo (o libertarismo de derechas)

El libertariano defiende una libertad individual libre de todo obstáculo estatal, que se despliega como libertad de expresión, libertad de emprender, libertad del capital, libre disposición de sí y del propio cuerpo (por ejemplo, la escritora Ayn Rand). El libertariano es de derechas y hoy compone abiertamente con la extrema derecha (Musk compone con Trump en una alianza objetiva). En el otro extremo del espectro político está el libertario, que tiende hacia el anarquismo de izquierdas (o libertarismo de izquierdas).

Cesarismo o neomonarquismo

Doctrina que propugna la transición de la democracia a la monarquía gracias a un “César”, una figura carismática que conduce a los pueblos hacia un régimen neomonárquico. El cesarismo se articula, en Curtis Yarvin, con el formalismo.

Formalismo

Doctrina según la cual el Estado debe gestionarse como una corporation, una gran empresa, con un CEO que rinde cuentas a los accionistas. El formalismo está próximo al libertarianismo. Pero el formalismo requiere una fachada monárquica.

Panliberalismo

Este término es un neologismo que proponemos. El prefijo pan significa “todo”, y el panliberalismo podría describir este momento histórico, en el que ya nos encontramos, donde todo el poder del Estado —su poder legislativo y su fuerza de coacción— se subvierte y se pone al servicio de una empresa global de desregulación, que deja las manos libres a los actores del mercado y a los pueblos a merced del desorden de un capitalismo cada vez más anárquico. El panliberalismo articula la doctrina del individualismo libertario —que normalmente aboga por un Estado débil— con un Estado fuerte, que sirve de herramienta para imponer el marco jurídico necesario para el desmantelamiento de los cuerpos políticos. Se sigue un momento de anarcocapitalismo. Y, sobre el trasfondo del anarcocapitalismo, el nuevo mundo de la empresa puede recomponerse en Supercuerpos transnacionales, de una potencia inconmensurable respecto de lo que antes conocimos en la historia. Estos Supercuerpos digieren y asimilan a los Estados.

Autocracia

Forma de gobierno por un dirigente único que centraliza todos los poderes y ejerce un control total. Puede remitir a una monarquía absoluta, pero hoy se observan cada vez más autocracias presidenciales, con autócratas surgidos de elecciones que pueden tratar de modificar las Constituciones para mantenerse en el poder.

Neofeudalismo

Término empleado en el análisis del panliberalismo para designar el momento en que, sobre el trasfondo del anarcocapitalismo, los Supercuerpos se recomponen a escala global, forman regiones metapolíticas y se reparten el mundo: entonces sojuzgan a los Estados (considerados como herramientas de su expansión) y a los pueblos. Puede hablarse de una analogía con el feudalismo en la medida en que se destruye el principio del Estado moderno y se reproduce un sistema de alianzas y vasallaje que se creía superado en Occidente.

Extracto de Panlibéralisme: quand le néolibéralisme accède à la toute-puissance («Panliberalismo: cuando el neoliberalismo alcanza la omnipotencia»), Caëla Gillespie, Le Bord de l’Eau, 2025.

Notas

  1. Expresión del historiador Pierre Serna, véase L’extrême centre ou le poison français, 1789-2019, Ceyzerieu, ed. Champ Vallon, 2019.[]