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La vida espiritual: manual de uso

Bruno Bérard

Epílogo del padre Richard Escudier

Próximamente en español

Este libro aún no ha sido traducido al francés. Sólo se ha traducido esta presentación.

¿Qué es la vida espiritual? ¿Y cómo entrar en ella?

Nacido de una pregunta formulada hace mucho tiempo —«¿Qué es la vida espiritual?»—, este libro ofrece no tanto una respuesta teórica como una invitación a experimentarla.

A través de cincuenta breves cuadros, La vida espiritual: manual de uso conduce progresivamente desde la toma de conciencia de nuestra condición humana hasta la apertura al mundo espiritual y, de ahí, a la contemplación, la oración y la transformación interior. Se habla de silencio y presencia, de conocimiento y amor, de despojamiento y perdón, de gracia y libertad, hasta llegar a la vocación última de la vida espiritual: dejar que el Espíritu transforme el ser.

Nutrido por los grandes maestros de la tradición cristiana —Dionisio Areopagita, san Agustín, Meister Eckhart, santo Tomás de Aquino y san Juan de la Cruz—, pero también por maestros más cercanos a nosotros, como Pamphile, el abad Henri Stéphane, François Chenique y Jean Borella, el libro no propone ni un sistema ni un método prefabricado. Cada cuadro puede leerse por separado, como una puerta de entrada a la vida interior.

Un itinerario sencillo y exigente, de la reflexión a la contemplación, del conocimiento a la unión, para descubrir que la vida espiritual no es tanto algo que se hace como una vida que se aprende a recibir.

Resumen del libro

Prólogo

Un anticipo

Contexto — Indicios divinos y libertad humana

La vida espiritual — De lo sagrado al Espíritu

Manual de uso — Una visión de conjunto

Manual de uso — La contemplación de los misterios

Manual de uso — El camino propuesto

La vida espiritual — Perspectivas

Conclusión — Para entrar en la vida espiritual

Epílogo del padre Richard Escudier

Índice

Extracto

El Espíritu en el hombre

En el ser humano, el espíritu designa la dimensión más elevada del alma. No se trata de algo material, sino de una facultad interior que permite acceder a lo real en su verdad.

Los filósofos han descrito esta facultad de distintas maneras. Para Aristóteles, se trata del intelecto, capaz de conocer lo real. Para Platón, está orientado hacia la verdad y el bien. Plotino ve en él un vínculo entre el hombre y el mundo inteligible.

El espíritu está también ligado a la voluntad: permite no solo conocer, sino también querer el bien, como explica santo Tomás de Aquino.

Así, puede entenderse al ser humano como compuesto de tres dimensiones: el cuerpo, el alma (o psique) y el espíritu.

El espíritu es aquello que abre al hombre a algo más grande que él mismo.

El Espíritu en Dios

Cuando el cristianismo afirma que «Dios es Espíritu» (Jn 4,24), no habla de una abstracción, sino de una realidad viva: inteligencia y amor absolutos.

En la Trinidad, Dios es uno, pero subsiste en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estas Personas no son individuos separados, sino relaciones vivas.

El Padre es relación de paternidad, el Hijo relación de filiación y el Espíritu Santo relación de amor. Desde esta perspectiva, las relaciones no son secundarias: constituyen lo que las propias Personas son.

Al Espíritu se le atribuyen, en particular, el principio de vida, la inteligencia espiritual y la capacidad de santificar.

San Agustín resume esta idea de manera sorprendente:

«El Espíritu es el del Padre y del Hijo, y también el nuestro».

De Trinitate, libro XV, cap. 19, § 37, PL 42, col. 1090

Esto significa que el Espíritu no está solamente en Dios: también es comunicado al hombre como un don. Por medio de este don, el hombre puede participar de la vida divina.

Esta participación en el Espíritu es lo que llamamos vida espiritual.

Aviso de publicación

¿Qué es la vida espiritual? ¿Existe un manual de uso?

Este libro no es ni un tratado de teología ni un manual de recetas espirituales. Es, más modestamente, el compartir de una experiencia, alimentada por algunos maestros contemporáneos —Pamphile, Jean Borella, François Chenique, el abad Henri Stéphane…— y por otros más antiguos: san Dionisio Areopagita, Meister Eckhart, santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz y muchos otros.

A través de cincuenta breves cuadros, cada uno de los cuales puede abordarse directamente, se va dibujando poco a poco un camino: el de una vida en el Espíritu, en la que la oración, el conocimiento y el amor conducen a una transformación interior.

Pues, según las palabras de san Agustín, «el Espíritu es el del Padre y del Hijo, y también el nuestro».

— L'Harmattan

Obras complementarias