El término participación (del latín participatio, derivado de participare, « tomar parte en », « compartir », « tener parte en ») designa el hecho de que una realidad reciba o posea parcialmente aquello que otra posee plenamente. En metafísica, la participación expresa la relación mediante la cual un ser finito recibe una perfección, una cualidad o incluso el ser mismo de un principio que la posee de manera más eminente o absoluta.

Más particularmente

La noción de participación es una de las más importantes de toda la metafísica tradicional. Permite pensar a la vez la dependencia de los seres respecto de su principio y su propia realidad. Participar no significa ni ser idéntico a aquello de lo que se participa ni estar absolutamente separado de ello; significa recibir, de manera limitada, aquello que existe de forma más perfecta en su fuente.

Esta noción aparece ya en Platón. Las realidades sensibles son lo que son porque participan de las Ideas inteligibles. Una cosa es bella porque participa de la Belleza, justa porque participa de la Justicia, verdadera porque participa de la Verdad. Las cosas particulares no poseen, por tanto, estas perfecciones por sí mismas; las reciben según su propia naturaleza.

El neoplatonismo profundiza esta perspectiva al comprender todos los niveles de la realidad como participantes de principios superiores. Cada grado del ser recibe y refleja algo de aquello que lo trasciende, según una jerarquía ordenada que va desde las realidades más manifestadas hasta los principios más universales.

La metafísica cristiana retoma esta doctrina integrándola en la noción de creación. Los seres creados participan del ser porque lo reciben de Dios. No son el ser por sí mismos; son porque reciben la existencia. Según santo Tomás de Aquino, toda criatura es un ser por participación, mientras que sólo Dios es el Ser por esencia (ipsum esse subsistens).

Esta distinción entre participación e identidad es esencial. Participar de una perfección no significa ser esa perfección en su plenitud. Una criatura puede ser buena sin ser la Bondad misma, verdadera sin ser la Verdad misma, existente sin ser el Ser mismo. La participación preserva así tanto la semejanza como la diferencia entre el principio y aquello que participa de él.

La participación permite asimismo comprender la diversidad del mundo. Una misma perfección puede ser recibida según grados y modalidades muy diferentes. Todos los seres participan del ser, pero cada uno según su propia naturaleza. Del mismo modo, la verdad, la belleza y la bondad se manifiestan en formas innumerables sin perder su unidad principial.

Esta doctrina ilumina la relación entre contingencia y ser. Los seres contingentes no poseen su existencia de manera autónoma; participan del ser. Su dependencia ontológica es precisamente lo que hace posible su realidad. La participación no es, por tanto, una disminución del ser, sino el modo mismo en que las criaturas existen.

La participación fundamenta también la dimensión simbólica del mundo. Puesto que un ser participa de una realidad que lo trasciende, puede manifestarla. Una cosa visible se convierte así en símbolo de una realidad invisible. Aquello que participa revela algo de aquello en lo que participa. El simbolismo es, por tanto, inseparable de la participación.

Esta perspectiva permite comprender por qué el cosmos puede ser leído como un lenguaje. Las realidades naturales no son sólo objetos; son también signos. Cada una expresa, a su manera, ciertas perfecciones de las que participa. El mundo aparece así como un conjunto de símbolos que remiten a sus principios.

La noción de participación ilumina igualmente la de teofanía. Si las criaturas participan de las perfecciones divinas, pueden manifestar algo de ellas. La belleza del mundo, su inteligibilidad, su orden o su bondad se convierten así en testimonios analógicos de su fuente. Sin ser Dios, las criaturas pueden revelar ciertas perfecciones divinas.

El pensamiento moderno ha sustituido con frecuencia la participación por relaciones puramente causales, mecánicas o funcionales. Sin embargo, la causalidad misma sigue siendo comprendida de manera incompleta si no se reconoce que el efecto recibe algo de la causa. La participación permite precisamente pensar esta comunicación de perfecciones respetando al mismo tiempo la distinción entre los seres.

Jean Borella subraya que la participación constituye uno de los fundamentos de todo conocimiento simbólico. Si lo visible puede conducir a lo invisible, es porque participa realmente de aquello que significa. El símbolo no es una convención arbitraria; se fundamenta en una relación ontológica entre distintos niveles de realidad.

La participación aparece así como una noción central de la metafísica. Permite comprender la relación entre el ser y los seres, entre el principio y sus manifestaciones, entre lo visible y lo invisible, entre lo finito y lo infinito. Expresa la dependencia de las realidades creadas respecto de su fuente y fundamenta al mismo tiempo su inteligibilidad, su belleza y su significado simbólico.

Véase también: Ser, Contingencia, Creación, Manifestación, Principio, Símbolo, Teofanía, Trascendencia.

Para saber más

• Platón, Fedón; República, libros VI-VII; Parménides.
• Plotino, Enéadas, V, 1–5.
• Dionisio Areopagita, Los nombres divinos.
• Santo Tomás de Aquino, De ente et essentia; Suma teológica, I, q. 44; De participatione (textos atribuidos y comentarios).
• Étienne Gilson, El ser y la esencia.
• Cornelio Fabro, La nozione metafisica di partecipazione.
• Jean Borella, Metafísica del símbolo (Métaphysique du symbole); La crisis del simbolismo religioso.
• Wolfgang Smith, The Wisdom of Ancient Cosmology.
• Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad de Métaphysique pour tous, París, L’Harmattan, 2022 ; trad. ingl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. al. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).

Nota: Esta entrada es, junto con Ser, la más estructurante de todo el glosario. Para Platón, Plotino, Dionisio, santo Tomás de Aquino, Coomaraswamy, Schuon, Borella y Smith, la participación es aquello que vincula el ser con la contingencia, la creación con la manifestación, el símbolo con la teofanía y el cosmos con el Principio. En otras palabras, si Ser constituye el centro ontológico del glosario, Participación representa su principio explicativo. Es ella la que permite comprender por qué el mundo puede ser real sin ser absoluto, significativo sin ser divino y simbólico sin ser arbitrario.