El término ser (del latín esse, « ser ») designa aquello que es, es decir, todo lo que posee existencia, cualquiera que sea su modo de existir. En metafísica, el ser es la noción más universal y fundamental, pues se aplica a todo lo que es real o puede concebirse como real.
Más particularmente
El ser es el primer objeto del intelecto. Antes incluso de distinguir las cosas según sus propiedades, formas o especies, la mente capta que ellas son. Por ello Aristóteles afirma que el ser se dice de muchas maneras, mientras que la tradición escolástica considera el ser como el concepto más universal accesible al pensamiento humano.
Sin embargo, el ser no debe confundirse con los seres. Los seres son las realidades particulares que existen; el ser designa aquello por lo cual existen. Esta distinción, ya presente en la Antigüedad pero desarrollada con mayor profundidad por la metafísica medieval, permite distinguir la existencia misma de las cosas que existen.
La reflexión metafísica conduce así a la distinción entre esencia y existencia. La esencia responde a la pregunta: «¿Qué es esta cosa?»; la existencia responde a la pregunta: «¿Es?». En los seres contingentes, la esencia no implica la existencia. El hombre, el árbol o la montaña podrían no existir. Su ser es, por tanto, recibido o comunicado.
Según santo Tomás de Aquino, esta distinción entre esencia y existencia constituye la clave de la metafísica. Las criaturas poseen el ser sin ser el Ser mismo. Participan del ser sin poseerlo en su plenitud. Su existencia es recibida y limitada por su naturaleza particular.
Esta doctrina conduce a la distinción entre ser por participación y Ser por esencia. Las criaturas son porque reciben el ser; Dios es porque es el Ser mismo. Mientras que los seres creados poseen la existencia, Dios es el Ser subsistente mismo (ipsum esse subsistens). En Él, esencia y existencia son una sola realidad.
La metafísica clásica considera así el ser como el acto más fundamental de toda realidad. Una cosa no puede actuar, ser conocida o poseer propiedades si antes no existe. El ser es, por tanto, el acto primero del que dependen todos los demás. Santo Tomás lo define como « la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones ».
Esta primacía del ser permite comprender la profunda unidad de lo real. A pesar de su infinita diversidad, todos los seres participan de un mismo acto de ser. Esta participación fundamenta su inteligibilidad común y hace posible todo conocimiento.
Desde una perspectiva tradicional, el ser posee también una dimensión simbólica. Puesto que los seres creados no poseen su ser como algo propio, remiten a la fuente de la que lo reciben. Su existencia manifiesta algo de un principio que los trasciende. El ser aparece así como el primer signo del Principio, la primera teofanía y el fundamento de todo simbolismo cósmico.
Esta participación en el ser confiere al mundo una transparencia ontológica. Las realidades visibles nunca están cerradas sobre sí mismas; remiten siempre a una realidad más profunda que las fundamenta. Cada ser se convierte así en un silencioso testimonio de la fuente que lo hace ser.
Esta perspectiva es compartida por las grandes tradiciones metafísicas. En Platón, los seres sensibles participan de las realidades inteligibles; en Plotino, proceden del Uno; en el pensamiento cristiano, reciben continuamente su ser del Creador. A pesar de sus diferencias doctrinales, estas perspectivas convergen en la idea de que el ser creado nunca es autosuficiente.
El pensamiento moderno ha desplazado con frecuencia la atención del ser hacia el conocimiento, la conciencia o el lenguaje. La pregunta fundamental deja entonces de ser: «¿Qué es?» para convertirse en: «¿Cómo conocemos?» o «¿Cómo hablamos?». La metafísica clásica recuerda, sin embargo, que todo conocimiento presupone el ser y que nada puede ser pensado si no es, de una manera u otra.
El ser aparece así como el fundamento último de toda metafísica. Es a la vez la noción más universal y la más misteriosa: la más universal, porque todo lo que existe es; la más misteriosa, porque la existencia misma no puede reducirse a ningún otro concepto. Reflexionar sobre el ser equivale, en última instancia, a interrogarse sobre el fundamento de toda realidad y sobre la fuente misma de todo lo que es.
Véase también: Absoluto, Contingencia, Creación, Esencia, Existencia, Metafísica, Participación, Principio, Sustancia, Teofanía.
Para saber más
• Parménides, Poema, fragmento VIII y siguientes.
• Aristóteles, Metafísica, libros IV y XII.
• Plotino, Enéadas, V, 1–5.
• Santo Tomás de Aquino, De ente et essentia; Suma teológica, I, q. 3; I, q. 44.
• Étienne Gilson, El ser y la esencia.
• Martin Heidegger, Introducción a la metafísica.
• Jean Borella, Metafísica del símbolo (Métaphysique du symbole); La crisis del simbolismo religioso.
• Wolfgang Smith, The Wisdom of Ancient Cosmology.
• Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad de Métaphysique pour tous, París, L’Harmattan, 2022 ; trad. ingl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. al. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).