El término causa (del latín causa, « razón », « motivo », « origen ») designa aquello por lo cual algo es, llega a ser o es conocido. En filosofía y metafísica, la causa es aquello que da razón de un ser, de un acontecimiento o de un efecto, ya sea en su existencia, en su naturaleza o en su manifestación.

Más particularmente

La noción de causa es una de las más fundamentales de toda la filosofía. Responde a la pregunta «¿por qué?» y permite remontarse desde un efecto hasta aquello que lo produce, lo explica o lo fundamenta. La búsqueda de las causas constituye así uno de los fundamentos del conocimiento racional.

En la filosofía de Aristóteles, la causalidad no se reduce a la simple producción mecánica de un efecto. Toda realidad puede comprenderse a partir de cuatro causas distintas y complementarias:

  • la causa material, aquello de lo que una cosa está hecha;
  • la causa formal, aquello que le da su naturaleza o determinación;
  • la causa eficiente, aquello que la produce o la lleva a la existencia;
  • la causa final, el fin o propósito para el cual existe.

Así, en el caso de una estatua, el bronce constituye la causa material, la forma representada la causa formal, el escultor la causa eficiente y la intención artística la causa final.

El pensamiento moderno ha reducido con frecuencia la causalidad a la sola causa eficiente, privilegiando la explicación mecánica y cuantitativa de los fenómenos. Esta reducción contribuyó al desarrollo de las ciencias experimentales, pero también condujo al progresivo eclipse de las nociones de forma, finalidad y significado intrínseco.

La metafísica distingue además las causas segundas de la Causa primera. Las causas segundas son las causas naturales o creadas que actúan en el mundo. Poseen una eficacia real, pero su poder de actuar depende en última instancia de una causa superior. La Causa primera, por el contrario, es aquella que confiere a las propias causas segundas tanto su existencia como su poder causal.

En la tradición clásica, Dios es entendido así como la Causa primera. No es simplemente la primera causa dentro de una sucesión temporal de causas, sino la causa trascendental del ser mismo. Es causa de la existencia de las cosas antes de ser causa de sus transformaciones.

Esta distinción permite evitar dos errores opuestos. El deísmo tiende a alejar a Dios del mundo atribuyéndole únicamente un papel inicial; el ocasionalismo tiende a negar la eficacia real de las causas naturales. La doctrina clásica sostiene, por el contrario, que Dios actúa a través de las causas segundas sin suprimirlas ni reemplazarlas.

La metafísica distingue también la causa de la condición. Una condición es aquello que permite que un efecto se produzca sin producirlo ella misma. Así, el oxígeno es una condición de la combustión, pero no es por sí solo la causa de un incendio. Del mismo modo, ciertas correlaciones observadas por las ciencias no bastan para establecer una relación causal.

Otra distinción esencial es la que existe entre causalidad horizontal y causalidad vertical. La causalidad horizontal es la que observan las ciencias en la sucesión de los fenómenos: una causa produce un efecto, que a su vez se convierte en causa de otro efecto. Describe las relaciones dentro del mundo manifestado. La causalidad vertical, en cambio, concierne a la dependencia del efecto respecto de su principio. Ya no responde a la pregunta: «¿Qué fenómeno produce otro?», sino a esta: «¿De dónde recibe este ser su existencia, su naturaleza o su inteligibilidad?»

Así, una obra de arte puede explicarse horizontalmente por los gestos del pintor, los pigmentos empleados o las circunstancias históricas de su realización. Sin embargo, no puede comprenderse plenamente sin referencia a la intención creadora que le confiere verticalmente su significado. Del mismo modo, el mundo puede estudiarse científicamente en sus mecanismos y seguir siendo metafísicamente dependiente de un Principio que fundamenta su ser.

La reflexión metafísica conduce así a interrogarse sobre el fundamento último de toda causalidad. ¿Por qué las causas producen efectos? ¿Por qué existe un orden inteligible que relaciona los fenómenos entre sí? Estas preguntas remiten a una causalidad más profunda que los simples mecanismos observables y conducen a la noción de un Principio del cual proceden tanto el ser de las cosas como su inteligibilidad.

Desde la perspectiva tradicional, la causalidad no es simplemente una cadena de fenómenos; expresa el propio orden de lo real. Las causas visibles remiten a causas invisibles, las causas naturales a causas principiales, las causas segundas a la Causa primera. El conocimiento de las causas se convierte así en un camino hacia la inteligencia de los principios.

La noción de causa aparece entonces como un puente entre la física, la filosofía y la metafísica. Permite comprender no sólo cómo ocurren las cosas, sino también por qué existen y en virtud de qué principio son lo que son.

Véase también: Causa primera, Causa segunda, Contingencia, Creación, Ser, Finalidad, Forma, Participación, Principio, Sustancia.

Para saber más

• Aristóteles, Física, libro II; Metafísica, libro V.
• Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, I, q. 2, a. 3; I, q. 44.
• David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, sección VII.
• Étienne Gilson, El ser y la esencia.
• Ananda K. Coomaraswamy, Time and Eternity.
• Jean Borella, Metafísica del símbolo (Métaphysique du symbole).
• Wolfgang Smith, The Quantum Enigma.
• Bruno Bérard, Métaphysique pour tous, París, L’Harmattan, 2022 (Trad. ingl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. esp. ¿Qué es la metafísica?; trad. al. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).