Típicamente, las causas segundas “dan vueltas en círculo”: por ejemplo, el calor proviene de la combustión, que necesita el oxígeno producido por las plantas mediante la fotosíntesis, dependiente del sol y de la clorofila, etc. La cadena de causas segundas debe culminar en una causa primera que sea causa de sí misma: el anankê stênai griego (Aristóteles, Metafísica, II, 994b; XII, 1070a).

La doctrina de la eficacia de las causas segundas es fundamental en metafísica, pues muestra que la dependencia de los seres respecto de una causa primera trascendente no les priva de eficacia, sino que la fundamenta (Santo Tomás de Aquino, s. XIII). En el plano ontológico, dicha eficacia se expresa mediante las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. En el plano teológico, la criatura actúa en virtud de lo que Dios es: causa primera, pura inteligencia y pura voluntad, causa de la causalidad misma de la causa segunda.

Más específicamente

Cosmológicamente, las causas segundas forman la trama inteligible del universo creado. Operan dentro de una jerarquía causal: cada nivel deriva su potencia de otro superior. Afirmar a Dios como causa primera no niega la autonomía relativa de las ciencias, sino que señala un principio supremo que hace inteligible su unidad.

La tradición tomista subraya que Dios actúa en y a través de las causas segundas, sin sustituirlas. Esta doctrina evita el deísmo (Dios ausente) y el fideísmo (negación de la causalidad creada). Las causas segundas preservan así la dignidad real de la criatura.

Para saber más:

– Aristóteles, Metafísica, II & XII
– Tomás de Aquino, Summa Theologica, I, q.105–110
– Cayetano, Comentario
– Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (Hypérbola Janus), trad. de Métaphysique pour tous Paris, L’Harmattan, 2021); En. Metaphysics for Everyone; It. Sui sentieri della metafisica; De. Was ist Metaphysik?