Estado finito del ser humano y del mundo, del cual se toma conciencia gracias a la idea de Infinito, correspondiente a la ilimitación del intelecto. Si podemos tomar conciencia de las limitaciones de nuestro condicionamiento existencial y humano, es precisamente porque dichas limitaciones no son intrínsecas sino extrínsecas, y porque el conocimiento goza de su propia ilimitación interna: el intelecto o el conocimiento (que son una sola cosa) es más que lo que conoce y más que el sujeto cognoscente. Así como la luz que penetra un cristal no es producida por el cristal, del mismo modo el intelecto, en acto y en su esencia suprahumana, es increado e increable (Maestro Eckhart). De ello da razón la doctrina del intelecto como “sentido del ser.”
Más precisamente
La finitud no es ante todo una constatación psicológica sino un dato ontológico: significa que todo lo que participa de la existencia creada está sujeto a limitación, contingencia y dependencia; es decir, que su ser nunca es absoluto, sino recibido. Ser finito significa estar referido a un principio que nos fundamenta sin agotarse jamás en nosotros; significa descubrir que la existencia que poseemos no es autosuficiente, sino “participada”.
Esta participación ilumina la relación del finito con el Infinito. Pues si el finito sabe que es finito es porque se descubre medido por algo mayor: la conciencia de nuestros límites implica ya, de algún modo, la oscura intuición de lo ilimitado. Sin una cierta presencia implícita del Infinito, la finitud sería inconcebible. Por tanto, la finitud no es solo frontera; es signo del Principio del cual procede.
Así, la finitud no encierra en la inmanencia, sino que abre a la trascendencia. El mundo creado, en su limitación constitutiva, es en cierto modo “translúcido” al Ser del cual recibe su realidad; esta recepción no es simple dependencia exterior sino participación ontológica. Por ello, la finitud, lejos de ser vivida como encierro, puede ser comprendida como llamado: reconocer la Fuente que da el ser y orientar el intelecto hacia lo que lo supera infinitamente.
Esta tensión constitutiva —entre el límite experiencial del sujeto y la aspiración del intelecto a lo ilimitado— no es un drama insoluble, sino la huella de nuestra pertenencia al Principio: lo finito procede del Infinito y hacia él retorna.
Para saber más
- Maestro Eckhart, Tratados y Sermones, trad. A. de Libera, Paris, Gallimard, “Pléiade,” 2023 —
Sobre el intelecto increado y la iluminación interior. - Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, qq. 12–13, ed. Leonina; trad. J.-P. Torrell, Paris, Cerf, 1997 — Sobre la desproporción entre el intelecto creado y la Esencia divina.
- Nicolás de Cusa, De docta ignorantia, I, 3–5; trad. H. Pasqua, Paris, Cerf, 2009 — Sobre la incomprensibilidad del Infinito y la coincidencia de los opuestos.
- Juan Escoto Eriúgena, De divisione naturae, I, 1–23; ed. É. Jeauneau, Paris, Cerf, 1995 —
Sobre la procesión de los seres a partir del Principio y la participación ontológica. - Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (Hypérbola Janus); trad. de Métaphysique pour tous (Paris, L’Harmattan, 2022); ingl. Metaphysics for Everyone; it. Sui sentieri della metafisica; al. Was ist Metaphysik? — Sobre el intelecto como sentido del ser, la distinción entre finito e Infinito y la participación en el orden principial.