La experiencia del sentido del ser es tan fundamental, tan arraigada en nuestra relación con lo real, que generalmente pasa desapercibida. Sin embargo, es ella la que hace posible la acogida de lo nuevo: formas que nada nos permitía anticipar, que no podíamos concebir y que solo la percepción sensible nos revela. Es esta experiencia la que hace advenir la rosa como “rosa” — y, aunque nuestro lenguaje se limite a esa palabra, la experiencia interior que tenemos de ella permanece singular, identificable, irreductible en su misterio. Esta parte de sombra proviene del hecho de que lo que la inteligencia capta no es el ser puro de la esencia, sino la esencia en cuanto se da como sentido. En otras palabras, si la inteligencia puede captar una “presencia semántica” de la esencia, su realidad última permanece solo en Dios (cf. Borella).
Más particularmente
Por experiencia semántica se entiende el encuentro inmediato por el cual lo real se significa incluso antes de ser tematizado por los conceptos. El intelecto no fabrica el sentido; reconoce un sentido que se le da — una donación discreta, anterior a las categorías que el discurso impondrá posteriormente. Esta prioridad del sentido no excluye el análisis; lo hace posible, recordándonos que toda conceptualización surge de una intuición originaria en la que forma y significado aparecen juntos.
Sobre esta base, se deja entrever la simbólica del mundo: las cosas no son solo objetos, sino signos que reverberan una profundidad del ser. La “identidad” de la rosa no se agota en sus propiedades mensurables; lleva una cualidad inteligible — una “presencia semántica” — que hace que sea esta rosa y no otra. El sentido no se reduce, por tanto, a palabras o representaciones: es un modo de presencia en el que la esencia se deja presentir sin agotarse. De ello se derivan dos exigencias:
- reconocer la finitud del lenguaje, que nombra sin saturar;
- mantener la apertura metafísica, por la que la inteligencia asciende del sentido a su Fuente. En esta ascensión, se perfila la unidad del ser, la verdad y la belleza: el sentido auténtico es participación — remite, por analogía, al Acto puro, en el que esencia y existencia se identifican.
Para saber más
Jean Borella, La crisis del simbolismo religioso, L’Harmattan, 1984.
Jean-Luc Marion, Siendo dado. Ensayo de una fenomenología de la donación, PUF, 1997.
Hans Urs von Balthasar, La Gloria y la Cruz, t. I, Aubier, 1961 (sobre forma y sentido).
Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (Hypérbola Janus), trad. de Métaphysique pour tous (París, L’Harmattan, 2021); trad. ingl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. al. Was ist Metaphysik? — sobre la comprensión metafísica de los arquetipos como principios universales que vinculan el ser, la conciencia y el símbolo.
Ver el extracto de la presentación del libro Jean Borella, La révolution métaphysique