La hipóstasis (del griego hypóstasis, « lo que está debajo », « subsistencia », « realidad subyacente ») designa una realidad subsistente, existente en sí misma y no en otra cosa. En la teología cristiana, el término se utiliza principalmente para designar cada una de las tres Personas de la Trinidad o, en cristología, la única Persona del Verbo en la que subsisten las dos naturalezas, divina y humana.

En particular

El término hypóstasis posee una historia compleja. En la filosofía griega antigua designaba generalmente una realidad existente o una sustancia concreta. Su significado técnico se precisó progresivamente durante las controversias teológicas de los primeros siglos del cristianismo, especialmente en relación con la Trinidad y la persona de Cristo.

Los Padres Capadocios contribuyeron decisivamente a distinguir la ousía (esencia o naturaleza común) de la hypóstasis (subsistencia personal). Así, Dios es una sola esencia (mia ousia) en tres hipóstasis (treis hypostaseis). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen plena e idénticamente la naturaleza divina, permaneciendo al mismo tiempo realmente distintos como hipóstasis o personas.

Esta distinción permitió a la teología cristiana evitar dos errores opuestos: el modalismo, que reduce las Personas divinas a simples manifestaciones de un único sujeto, y el triteísmo, que convertiría a las tres Personas en tres dioses distintos. La hipóstasis expresa precisamente la realidad de la subsistencia personal en la unidad de la esencia.

En cristología, la noción desempeña un papel fundamental en la doctrina de la unión hipostática. Según la definición del Concilio de Calcedonia, Cristo es una sola hipóstasis o persona en dos naturalezas, divina y humana, « sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación ». Las dos naturalezas permanecen íntegramente lo que son, pero subsisten en la única Persona del Verbo encarnado.

Desde una perspectiva metafísica, la hipóstasis designa más ampliamente aquello que posee una existencia propia e irreductible. Corresponde a un centro real de subsistencia y de identidad. La noción permite así pensar la unidad de un ser concreto sin reducirlo a una simple suma de propiedades ni a una abstracción conceptual.

Entre los neoplatónicos, especialmente en Plotino, las grandes realidades espirituales del Uno, del Intelecto (Nous) y del Alma universal son a veces llamadas hipóstasis, en la medida en que constituyen niveles fundamentales de la realidad. Sin embargo, el uso cristiano del término se distinguió progresivamente de este empleo filosófico, poniendo mayor énfasis en la dimensión personal de la subsistencia.

La hipóstasis revela así que el ser no se reduce a una esencia impersonal. Toda realidad plenamente subsistente posee una cierta interioridad y una unidad irreductible. En su sentido teológico más elevado, la noción expresa el misterio de la persona, ya se trate de las Personas divinas o de la persona de Cristo.

La hipóstasis aparece, por tanto, como una noción esencial de la metafísica cristiana, ya que permite articular unidad y distinción, naturaleza y persona, esencia y existencia subsistente.

Para saber más

  • San Basilio de Cesarea, Cartas;
  • San Gregorio Nacianceno, Discursos teológicos;
  • San Gregorio de Nisa, Contra Eunomio;
  • Concilio de Calcedonia;
  • San Juan Damasceno, La fe ortodoxa (De fide orthodoxa);
  • Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, qq. 2–6;
  • Vladimir Lossky, Teología mística de la Iglesia de Oriente;
  • Jean Borella, Amor y verdad (Amour et vérité);
  • Bruno Bérard, Metafísica del credo;
  • Bruno Bérard, La vida espiritual;
  • Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021; trad. angl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. all. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).