El « yo » puede reducirse a la simple conciencia de existir en la vida cotidiana.
El « mí » es la parte de lo que uno es que puede conocerse por introspección o mediante recursos externos de diversas disciplinas (psicología, astrología caracterológica, filosofía…).
Si se puede hablar del « mí » en cuanto tal, el « sí » remite inmediatamente al « no-sí » y al « Sí » para definirse. Se puede decir que el « sí » es un « no-sí » con respecto al Sí, para expresar la realidad de lo relativo en comparación con la del Absoluto.
Más precisamente
Los términos « yo », « mí », « sí » y « Sí » designan niveles distintos de la identidad.
El « yo » (el sujeto empírico) designa la instancia consciente inmediata, el polo desde el cual se vive la experiencia: «yo veo», «yo pienso», «yo actúo». Es el centro fenomenológico del vivir.
El « mí » es la instancia psíquica estructurada: personalidad, carácter, historia, memoria, autorrepresentación, afectividad. Es el objeto del conocimiento psicológico o filosófico: puede describirse, tipificarse, interpretarse. El «mí» pertenece a lo condicionado, a lo cambiante, a lo empírico.
El « sí » supone ya una superación: no es sólo lo que uno es psicológicamente, sino lo que uno es en cuanto ser. Se sitúa en la zona intermedia donde el individuo se abre a lo no individual.
Se puede decir que el «sí» es el «no-sí» en relación con el Sí, porque incluso la dimensión más profunda de la identidad individual sigue siendo relativa, dependiente y participativa. El sí existe sólo en referencia al Sí, del cual procede y al cual participa.
El Sí —en sentido metafísico— no es el ego ampliado, sino el Principio espiritual: la realidad Absoluta, universal, que fundamenta y sostiene interiormente toda conciencia particular. Es la verdadera identidad del ser, no en cuanto individuo, sino en cuanto participación en el Absoluto.
En muchas tradiciones, el paso del «yo» al «sí» (y finalmente al Sí) constituye el camino de la realización espiritual: un tránsito de la conciencia psicológica a la conciencia supraindividual. El ego debe abrirse, descentralizarse o incluso «vaciarse» para que el Sí principial pueda reconocerse en él.
No se trata de la aniquilación del individuo, sino de la transfiguración de la conciencia: el ego deja de asumirse como absoluto y se vuelve transparente al Principio. El sí, al reconocer su relatividad, recibe su verdad del Sí, así como la luz reflejada recibe su realidad de la luz fuente.
Para saber más
- Platón, Alcibíades I — Sobre el autoconocimiento como vía hacia el Principio.
- Plotino, Enéadas — Sobre el Intelecto (Nous) y el retorno a sí.
- Śaṅkara, Vivekachudamani — Sobre el ātman como Sí y la ilusión del no-sí.
- Maestro Eckhart, Sermones — Sobre el fondo del alma y el nacimiento del Verbo.
- René Guénon, El hombre y su devenir según el Vedānta — Sobre la distinción entre ego, sí y Sí.
- Jean Borella, Lumières de la théologie mystique (L’Âge d’Homme, 2002) — Sobre la relación entre persona, alma y deificación.
- Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (Hypérbola Janus); trad. de Métaphysique pour tous (Paris, L’Harmattan, 2022); ing. Metaphysics for Everyone ; ita. Sui sentieri della metafisica ; ale. Was ist Metaphysik? — Sobre la distinción mí / sí / Sí, lo relativo y lo Absoluto, y la participación metafísica.