Aquello en lo que un ser participa o tiende, aunque esta tendencia no pueda ponerse en acción sin intervención externa. La inmanencia de Dios en el mundo (por ejemplo, «creación continua») es un «reflejo» de su trascendencia (Más Allá inaccesible).

En particular

Inmanencia designa lo que está dentro de un ser — aquello en lo que participa o hacia lo que tiende, aunque tal tendencia no pueda pasar al acto sin la intervención de un principio exterior. Se puede decir, por ejemplo, que la forma es inmanente a la materia en cuanto principio interno que la actualiza, aunque la materia no pueda producir por sí misma su propia forma.

La inmanencia de Dios en el mundo, tal como se expresa en la doctrina de la creación continua, significa que Dios está presente en lo más íntimo de todas las cosas como su fuente permanente de ser. La creación no es sólo un acontecimiento inicial, sino una donación ininterrumpida del Ser. Sin embargo, esta inmanencia no elimina la trascendencia divina; más bien, constituye su reflejo, pues Dios permanece absolutamente más allá del mundo, inaccesible en su esencia.

Más precisamente, la inmanencia no se opone a la trascendencia, sino a la exterioridad: lo que es inmanente actúa o reside desde dentro, no por contacto espacial. La perspectiva metafísica clásica sostiene que el Principio es a la vez trascendente —en cuanto excede radicalmente todo lo que es— e inmanente a todas las cosas, en cuanto es su acto mismo de ser. La afirmación de san Agustín de que Dios es «más íntimo a mí que yo mismo» expresa esta presencia interior.

Podemos distinguir varios modos de inmanencia:
inmanencia natural, según la cual los seres poseen en sí mismos su propio principio de movimiento u organización;
inmanencia ontológica, según la cual todos los seres participan del Ser;
inmanencia divina, por la cual Dios está presente en cada criatura como su acto de existencia.

Este último modo no es nunca una inmanencia cerrada, sino una inmanencia de participación: lejos de encerrar el mundo en sí mismo, lo abre a su Principio trascendente. Por el contrario, una visión estrictamente «inmanentista», que niega la trascendencia, reduce lo sagrado al orden del mundo, sin reconocer la Fuente que lo fundamenta.

Así, la inmanencia auténtica sólo se comprende en relación con la trascendencia: si Dios es inmanente al mundo, es porque lo excede infinitamente. Por eso la teología cristiana rechaza tanto el inmanentismo radical (que suprime la trascendencia) como el dualismo (que separa a Dios de la creación).


Para saber más

  • Aristóteles, Metafísica — Sobre la forma como principio inmanente.
  • Plotino, Enéadas — Sobre la presencia del Uno en todas las cosas y más allá de todas.
  • Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 8 — Sobre la presencia inmanente de Dios como acto de ser.
  • Maestro Eckhart, Sermones alemanes — Sobre Dios como fondo del alma.
  • Nicolás de Cusa, De docta ignorantia — Sobre la participación en el Absoluto.
  • Henri de Lubac, Le Surnaturel, Aubier — Sobre la unión entre creación y gracia.
  • Jean Borella, Lumières de la théologie mystique (L’Âge d’Homme, 2002) — Sobre la participación, la presencia divina y la inteligencia simbólica.
  • Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (Hypérbola Janus); trad. de Méraphysique pour tous (Paris, L’Harmattan, 2022); ing. Metaphysics for Everyone ; ita. Sui sentieri della metafisica ; ale. Was ist Metaphysik? — Sobre la inmanencia y trascendencia, la participación y la creación continua.