El pléroma (del griego plrōma, « plenitud », « cumplimiento », « totalidad colmada ») designa la plenitud del ser, la totalidad de una realidad en su perfección y consumación. En el cristianismo, el término se utiliza principalmente para expresar la plenitud divina presente en Cristo y, por participación, en la Iglesia y en la creación llamada a su cumplimiento definitivo. Más generalmente, designa un estado de perfección o totalidad que se opone a la privación, la fragmentación o la incompletitud.

En particular

El término plrōma aparece varias veces en el Nuevo Testamento, especialmente en las epístolas de san Pablo. Designa ante todo la plenitud de la divinidad que habita corporalmente en Cristo: « Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad » (Col 2,9). Cristo aparece así como el lugar en el que la totalidad de las perfecciones divinas está plenamente presente y manifestada.

En la teología paulina, el pléroma no remite simplemente a una abundancia cuantitativa, sino a una perfección cualitativa. Expresa la idea de cumplimiento, de realización plena y de totalidad armoniosa. Cristo es la plenitud porque recapitula en sí todas las cosas, celestiales y terrenales, y las reconduce a su origen divino.

La Iglesia misma es calificada como « pléroma » de Cristo (Ef 1,23), no porque añada algo a su perfección, sino porque participa de su vida y de su presencia. La noción expresa así la unidad orgánica entre Cristo y su Cuerpo místico.

En ciertas escuelas gnósticas de los siglos II y III, el término adquirió un significado particular. El pléroma designaba el mundo de los eones divinos, opuesto al mundo material considerado inferior o caído. Esta interpretación fue rechazada por la tradición cristiana, que se niega a establecer una oposición radical entre creación y divinidad. Para la fe cristiana, el pléroma no es un mundo separado, sino la propia plenitud de Dios comunicándose a la creación.

Desde una perspectiva metafísica, el pléroma designa la perfección del ser en cuanto plenamente realizado. Toda realidad creada posee una cierta plenitud según su grado de participación en el ser; sin embargo, solo la Realidad divina es plenitud absoluta, ya que no padece limitación ni privación alguna.

La noción está estrechamente vinculada a las ideas de totalidad, unidad y perfección. El pléroma es aquello hacia lo que tiende toda criatura: el cumplimiento de sus potencialidades, la realización de su vocación más profunda y la participación más plena posible en el Bien. Desde esta perspectiva, la historia de la salvación puede entenderse como una marcha hacia la plenitud.

Las tradiciones espirituales han visto con frecuencia en el pléroma el estado último de la unión con Dios. Sin abolir la distinción entre Creador y criatura, esta unión permite al ser humano participar de la vida divina y alcanzar su propia perfección. La plenitud escatológica prometida a los santos constituye así una de las expresiones más elevadas del pléroma.

El pléroma aparece, por tanto, como lo opuesto a toda dispersión y fragmentación. Expresa la totalidad reconciliada, la unidad consumada y la perfección realizada. Constituye uno de los grandes símbolos del cumplimiento metafísico, cósmico y espiritual.

Para saber más

  • Carta a los Efesios, 1,10 y 1,23;
  • Carta a los Colosenses, 1,19 y 2,9;
  • San Ireneo de Lyon, Contra las herejías;
  • Orígenes, Sobre los principios (De principiis);
  • San Gregorio de Nisa, La vida de Moisés;
  • San Máximo el Confesor, Ambigua;
  • Hans Urs von Balthasar, Gloria. Una estética teológica;
  • Jean Borella, La crisis del simbolismo religioso;
  • Jean Borella, Simbolismo y Realidad;
  • Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021; trad. angl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. all. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).

Nota: Aunque el término fue ampliamente utilizado por ciertas escuelas gnósticas, su significado cristiano sigue siendo profundamente distinto. En el cristianismo, el pléroma no designa un ámbito separado del mundo creado, sino la plenitud divina manifestada en Cristo y hacia la cual toda la creación está llamada.