El término naturaleza (del latín natura, derivado de nasci, « nacer ») designa ante todo aquello que pertenece propiamente a un ser, lo que lo constituye en su esencia y determina su modo de ser y de actuar. La naturaleza es así el principio interno por el cual una cosa es lo que es y actúa como actúa.
Más particularmente
En su sentido más común, la naturaleza designa el conjunto del mundo físico, considerado como el orden de las realidades sensibles y de las leyes que las gobiernan. La naturaleza se opone entonces al artificio, a la cultura o a la intervención humana. Sin embargo, esta acepción cosmológica, legítima en su propio ámbito, no debe ocultar el significado más profundo del término.
En la tradición filosófica clásica, especialmente en Aristóteles y santo Tomás de Aquino, la naturaleza es el principio intrínseco del movimiento y del reposo de un ser. Expresa la esencia en cuanto fuente de operaciones. Así, la naturaleza humana no es solamente lo que el hombre es, sino también aquello por lo que piensa, quiere y actúa conforme a su ser.
La metafísica distingue cuidadosamente la naturaleza de la esencia. La esencia responde a la pregunta «¿qué es esta cosa?»; la naturaleza designa esa misma esencia considerada como principio de actividad. Una misma realidad puede, por tanto, ser considerada ya como esencia, ya como naturaleza, según el punto de vista adoptado.
La noción de naturaleza no debe confundirse con la de sustancia. La sustancia designa aquello que subsiste en sí mismo; la naturaleza designa aquello por lo que una sustancia actúa conforme a lo que es. La sustancia responde principalmente a la cuestión del ser; la naturaleza, a la del obrar.
En la tradición medieval y escolástica, y posteriormente en diversos autores del Renacimiento, aparece una distinción que llegó a ser clásica entre natura naturans (« naturaleza naturante ») y natura naturata (« naturaleza naturada »). La primera designa el principio productor, creador o generador de la realidad; la segunda designa el conjunto de los seres producidos, el orden manifestado de la creación. André Lalande resume esta distinción en los siguientes términos: « La naturaleza naturante es Dios, en cuanto creador y principio de toda acción; la naturaleza naturada es el conjunto de los seres y de las leyes que Él ha creado ».
Esta distinción tiene su origen en la filosofía medieval, especialmente entre los comentaristas latinos de Aristóteles y en ciertas formulaciones inspiradas por el neoplatonismo. Posteriormente fue retomada por pensadores tan diversos como Maestro Eckhart, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno o Spinoza. Sin embargo, su significado varía considerablemente según las doctrinas. En una perspectiva teísta, la natura naturans designa a Dios como principio trascendente del ser; en el sistema spinozista, designa a Dios o a la Sustancia única considerada como causa inmanente de todas las cosas, mientras que la natura naturata corresponde al conjunto de los modos y manifestaciones de dicha Sustancia.
La teología cristiana mantiene, sin embargo, una distinción esencial entre el Creador y la creación. Dios no es una parte del mundo ni el mundo mismo; es su causa trascendente. Por ello, aunque la expresión natura naturans pueda emplearse en ocasiones para designar a Dios como fuente de toda existencia, no debe conducir a confundir el orden increado con el orden creado.
En su sentido metafísico más elevado, la naturaleza manifiesta siempre un orden inteligible. No es un simple agregado de fenómenos ni un conjunto de mecanismos ciegos, sino la expresión de una inteligibilidad que remite en última instancia a sus principios. Según una perspectiva platónica y neoplatónica, el cosmos entero puede comprenderse como la manifestación simbólica de realidades superiores de las cuales constituye la imagen visible. Como recuerda Jean Borella, el mundo posee una función icónica: es la imagen de una realidad que lo trasciende y de la que depende ontológicamente.
El pensamiento moderno ha reducido con frecuencia la naturaleza al conjunto de los fenómenos objetivables y mensurables. Esta reducción, característica del naturalismo y del cientificismo, tiende a olvidar tanto la dimensión ontológica de la naturaleza como su significado simbólico. La naturaleza deja entonces de percibirse como una teofanía o como una imagen de la realidad principial para convertirse en un simple objeto de análisis y explotación.
La naturaleza aparece así como una noción fundamental en la intersección de la física, la filosofía, la teología y la metafísica. Designa a la vez lo que una cosa es, el principio de sus operaciones, el orden total del mundo manifestado y, en última instancia, el reflejo de una realidad superior de la que recibe su ser y su inteligibilidad.
Véase también: Cosmos, Esencia, Sustancia, Creación, Símbolo, Teofanía.
Para saber más
• Aristóteles, Física, II, 1.
• Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 29, a. 1; I, q. 50, a. 2.
• André Lalande, Vocabulario técnico y crítico de la filosofía, voz « Naturaleza ».
• Baruch Spinoza, Ética, Parte I, proposición 29 y siguientes.
• Jean Borella, La crisis del simbolismo religioso.
• Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021; trad. ingl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. al. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).