La circumincesión (del latín circumincessio, traducción del griego perichōrēsis, « interpenetración », « inhabitación mutua ») designa la presencia recíproca y la mutua inmanencia de las Personas divinas en el seno de la Trinidad. Cada Persona está enteramente presente en las otras sin confusión ni separación. Esta noción expresa la perfecta unidad de la esencia divina en la distinción real de las Personas.
En particular
El concepto de circumincesión nació de la reflexión de los Padres griegos sobre el misterio de la Trinidad. El término griego perichōrēsis aparece especialmente en la teología bizantina para expresar el hecho de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitan mutuamente el uno en el otro en una comunión perfecta, sin que sus distinciones personales queden abolidas. Se trata de una unidad viva, dinámica y relacional, y no de una simple yuxtaposición o de una identidad indiferenciada.
La circumincesión permite comprender cómo las tres Personas divinas pueden ser realmente distintas y, al mismo tiempo, poseer una única y misma naturaleza. El Padre está enteramente presente en el Hijo y en el Espíritu; el Hijo está enteramente presente en el Padre y en el Espíritu; el Espíritu está enteramente presente en el Padre y en el Hijo. Esta presencia mutua no es espacial, sino ontológica y relacional.
La doctrina desempeña un papel esencial en la teología trinitaria cristiana. Permite evitar tanto el triteísmo, que separaría a las Personas como tres seres distintos, como el modalismo, que reduciría sus diferencias a simples manifestaciones de un único sujeto. La circumincesión afirma simultáneamente la comunión perfecta y la distinción irreductible.
En la teología oriental, la perichōrēsis suele considerarse la expresión suprema de la vida divina, caracterizada por el don recíproco, la transparencia absoluta y el amor perfecto. Lejos de ser una inmovilidad abstracta, la unidad divina aparece como una comunión eterna de Personas. Así, la relación no es un accidente del ser divino, sino la expresión misma de su plenitud.
La noción ha sido aplicada también a la cristología. En Jesucristo, las naturalezas divina y humana están unidas en la única Persona del Verbo sin confusión ni separación. Algunos teólogos han utilizado, por analogía, el concepto de perichōrēsis para describir esta unión de naturalezas, aunque su sentido primario sigue siendo trinitario.
Desde una perspectiva metafísica y simbólica, la circumincesión revela que la verdadera unidad no exige uniformidad. Muestra que una pluralidad puede subsistir sin división cuando sus términos están ordenados a una comunión perfecta. Diversos autores han visto en ella el arquetipo de toda relación auténtica, en la que la alteridad no es suprimida, sino plenamente asumida en la unidad.
La circumincesión aparece así como una de las formulaciones más profundas del misterio cristiano de Dios: una unidad absoluta que no excluye la relación, sino que se realiza precisamente en el amor recíproco de las Personas divinas.
Para saber más
- San Gregorio Nacianceno, Discursos teológicos;
- San Juan Damasceno, De fide orthodoxa (La fe ortodoxa);
- San Máximo el Confesor, Ambigua;
- San Agustín, De Trinitate;
- Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, qq. 27–43;
- Hans Urs von Balthasar, Teológica (Theo-Logic);
- Jean Borella, La crisis del simbolismo religioso;
- Jean Borella, El sentido de lo sobrenatural (Le sens du surnaturel);
- Bruno Bérard, Métaphysique du paradoxe;
- Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021).