La caritas (caridad) es el amor espiritual por el cual el hombre ama a Dios por Sí mismo y ama al prójimo en Dios. En la tradición cristiana, designa la más alta de las virtudes teologales, una participación en el amor mismo de Dios. Más que una emoción o una simple benevolencia moral, la caritas es una comunión con la vida divina que ordena todas las facultades humanas hacia su fin último.
En particular
El término latino caritas traduce especialmente el griego agápē (ἀγάπη), utilizado en el Nuevo Testamento para designar el amor divino y el amor inspirado por Dios. A diferencia del eros, que tiende hacia aquello de lo que carece, o de la philia, que se basa en la afinidad o la reciprocidad, la caritas procede de la sobreabundancia: es don de sí, gratuidad y apertura al otro.
Según la teología cristiana, Dios no es simplemente amante: Él es Amor. La célebre afirmación de san Juan —«Dios es amor» (1 Jn 4,8)— expresa que el amor no es simplemente un atributo divino entre otros, sino que pertenece al misterio mismo de la vida divina. La caritas humana se entiende, por tanto, como una participación creada en este Amor increado.
Para san Agustín, toda la vida espiritual puede comprenderse a partir de la orientación del amor. El pecado consiste en un amor desordenado (amor curvus), vuelto hacia uno mismo o hacia bienes inferiores considerados como fines últimos; la santidad consiste en el ordo amoris, el justo orden del amor. La caritas restablece este orden orientando todas las cosas hacia Dios.
Santo Tomás de Aquino define la caridad como una amistad del hombre con Dios (amicitia hominis ad Deum). Esta amistad es posible porque Dios comunica su propia vida a la criatura. La caridad no es, pues, simplemente un acto humano, sino una virtud infusa, recibida de Dios y participante de su propia dinámica de amor.
La caritas posee también una dimensión metafísica. Si la inteligencia tiende hacia la verdad, la caridad tiende hacia el bien en cuanto plenitud del ser. Manifiesta que la perfección última no reside en la autosuficiencia, sino en la comunión. El amor aparece así como el movimiento mediante el cual el ser supera su aparente separación para reencontrar su origen y su fin en el Principio.
Los grandes místicos cristianos consideran la caritas como la cima de la vida espiritual. El conocimiento mismo encuentra su cumplimiento en el amor, pues éste realiza una unión más profunda que cualquier aprehensión conceptual. Desde esta perspectiva, la bienaventuranza última no consiste únicamente en la visión de Dios, sino también en la participación en su amor.
Así, la caritas no designa primordialmente la asistencia material o la filantropía, aunque pueda expresarse a través de ellas. Es ante todo la virtud que une al hombre con Dios y, por medio de esta unión, con todos los seres. Constituye el corazón de la vida cristiana y la anticipación de la comunión final a la que toda criatura está llamada.
Para saber más
- Nuevo Testamento, especialmente 1 Corintios 13 y 1 Juan 4;
- San Agustín, De Trinitate;
- San Agustín, La ciudad de Dios;
- Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, qq. 23–46;
- San Bernardo de Claraval, De diligendo Deo;
- San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo;
- Benedicto XVI, Deus Caritas Est;
- Jean Borella, La charité profanée;
- Bruno Bérard, Métaphysique du paradoxe;
- Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021).