El término alma (del latín anima, « soplo », « principio de vida », emparentado con el griego psych) designa el principio interior que anima a los seres vivos y fundamenta su unidad. Según las diversas tradiciones filosóficas y religiosas, el alma puede entenderse como principio de vida, de sensibilidad, de conciencia, de inteligencia o de identidad personal. En su sentido más general, designa aquello por lo cual un ser vivo está vivo.

En particular

La noción de alma ocupa un lugar central en la historia de la filosofía. Para Plato, el alma es una realidad espiritual distinta del cuerpo. Preexistente a su encarnación, pertenece al mundo inteligible y conserva el recuerdo de las verdades eternas. La vida filosófica aparece así como una purificación mediante la cual el alma se aparta del mundo sensible para reencontrar su verdadera patria.

Para Aristotle, el alma es definida como la « forma » del cuerpo viviente. No es una sustancia separada, sino el principio que actualiza y organiza la materia viva. Aristóteles distingue el alma vegetativa, el alma sensitiva y el alma intelectiva, correspondientes a los distintos grados de la vida.

La tradición cristiana retomó y transformó estas herencias al afirmar que el alma humana es espiritual, inmortal y creada directamente por Dios. Constituye el principio de unidad de la persona humana, sin implicar por ello que el hombre sea un alma aprisionada en un cuerpo. El ser humano es una unidad sustancial de alma y cuerpo.

En el pensamiento de san Agustín, el alma es el lugar privilegiado del encuentro con Dios. El camino hacia la verdad pasa por la interioridad: es en lo más profundo del alma donde se descubre la presencia del Creador. Santo Tomás de Aquino desarrollará esta perspectiva mostrando que el alma humana es capaz de conocer la verdad y amar el bien porque participa del orden espiritual.

Las tradiciones religiosas y filosóficas del mundo han elaborado concepciones diversas del alma. Algunas insisten en su inmortalidad individual; otras en su relación con un principio universal; mientras que ciertas doctrinas budistas cuestionan precisamente la existencia de un alma permanente. Estas divergencias testimonian la importancia fundamental de las cuestiones relativas a la identidad y la conciencia.

Desde una perspectiva metafísica, el alma designa con frecuencia el principio intermedio entre el mundo material y el orden espiritual. Hace posibles el conocimiento, la libertad, el amor y la apertura a la trascendencia. Manifiesta que un ser vivo no puede reducirse a un simple conjunto de procesos físicos o biológicos.

En las tradiciones platónica, neoplatónica y cristiana, el alma es además considerada imagen de Dios o reflejo del principio divino. Su vocación última consiste en retornar a su origen mediante el conocimiento, la virtud y la unión con la verdad.

El alma aparece así como uno de los conceptos más fundamentales de la antropología filosófica y de la metafísica. Expresa la interioridad viviente del ser humano y la posibilidad de una apertura hacia aquello que trasciende el mundo sensible.

Para saber más

  • Plato, Fedón;
  • Plato, Fedro;
  • Aristotle, Acerca del alma (De Anima);
  • Plotinus, Enéadas;
  • San Agustín, Confesiones;
  • San Agustín, De Trinitate;
  • Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Ia, qq. 75–89;
  • Edith Stein, La estructura de la persona humana;
  • Jean Borella, El sentido de lo sobrenatural (Le sens du surnaturel);
  • Jean Borella, La crisis del simbolismo religioso;
  • Bruno Bérard, La vida espiritual;
  • Bruno Bérard, Jean Borella, la Revolución metafísica;
  • Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour tous, Paris, L’Harmattan, 2021; trad. angl. Metaphysics for Everyone; trad. it. Sui sentieri della metafisica; trad. all. Was ist Metaphysik? Zwischen Ambition und Wirklichkeit).

Nota: La noción de alma no debe reducirse a la sola conciencia psicológica ni al conjunto de los estados mentales. En su sentido filosófico y metafísico tradicional, designa el principio viviente que fundamenta la unidad del ser, su capacidad de conocer y amar, así como su apertura a una realidad que lo trasciende.