Aquello que se opone a la potencia; aquello que está realizado, cumplido o perfeccionado. El acto designa la realización efectiva de una posibilidad y la perfección por la cual un ser es lo que es. Mientras que la potencia es la capacidad de ser o de llegar a ser, el acto es el ser efectivamente poseído. Es la consumación de aquello que antes existía solamente como posibilidad.
En particular
La distinción entre acto y potencia, elaborada por Aristóteles, constituye uno de los fundamentos de la metafísica occidental. Permite comprender al mismo tiempo el cambio y la permanencia. Un ser puede llegar a ser distinto de lo que actualmente es porque posee potencias; pero este devenir sólo es inteligible porque tiende hacia un acto que constituye su cumplimiento.
Así, la semilla es en potencia el árbol que llegará a ser; el árbol adulto es el acto de esa potencialidad. Del mismo modo, el niño es en potencia el adulto que llegará a ser, y el ignorante es en potencia sabio. El paso de la potencia al acto caracteriza el movimiento, entendido en sentido metafísico como la actualización progresiva de una posibilidad.
El acto posee una cierta primacía sobre la potencia. En efecto, la potencia sólo puede definirse en relación con el acto que es capaz de recibir. Una capacidad es inteligible únicamente en función de su posible realización. Por ello, Aristóteles sostiene que el acto es anterior a la potencia en perfección, en inteligibilidad y, en último término, en el ser mismo.
La filosofía escolástica profundizó esta doctrina distinguiendo diversos niveles de actualidad. La existencia misma es comprendida como el acto fundamental del ser (actus essendi), aquello por lo que una esencia deja de ser meramente posible para existir realmente. Según Tomás de Aquino, el acto de ser es la perfección suprema de toda cosa, pues actualiza todas las demás determinaciones.
Esta doctrina conduce a concebir a Dios como Acto puro (Actus Purus). En Dios no existe potencia pasiva alguna, pues toda potencialidad implica cierta imperfección o la posibilidad de llegar a ser distinto de lo que se es. Dios, por el contrario, es la plenitud absoluta del ser: es lo que es desde toda la eternidad, sin cambio ni devenir. Es así la actualidad infinita de la que todas las criaturas reciben su ser según modos limitados.
La distinción entre acto y potencia permite asimismo comprender la jerarquía de los seres. Cuanto más actualizado está un ser, más participa de la perfección del ser; cuanto más permanece en la indeterminación de la potencia, más alejado se encuentra de su plena realización. Todo crecimiento, todo conocimiento y toda forma de vida pueden entenderse así como un paso de la potencia al acto.
Por último, esta distinción posee también una dimensión espiritual. El ser humano no es solamente lo que es actualmente; es también aquello que está llamado a llegar a ser. Su existencia contiene virtualidades que esperan ser realizadas. La vocación humana puede entenderse, por tanto, como la actualización progresiva de las potencias inscritas en su naturaleza, hasta su cumplimiento último en el conocimiento y la unión con el Principio del que procede todo ser.
Para saber más
- Aristóteles, Metafísica, libros IX y XII;
- Aristóteles, Física, libro III;
- Tomás de Aquino, De potentia;
- Tomás de Aquino, De ente et essentia (Del ente y la esencia);
- Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, qq. 2–9;
- Étienne Gilson, El ser y la esencia;
- Cornelio Fabro, Participación y causalidad según santo Tomás de Aquino;
- Bruno Bérard, Métaphysique du paradoxe;
- Bruno Bérard, ¿Qué es la metafísica? (trad. esp. de Métaphysique pour todos, Paris, L’Harmattan, 2021).